En una mañana de 1984, Khangsar Tulku al salir de su meditación profetizó que Tashi Dorje Rinpoché fundaría un monasterio en Occidente. Pocos años después le dijeron que no sería uno, sino tres monasterios. Estas predicciones llegaron por sorpresa para el fundador de la comunidad. Lo anunciado no estaba en su planes.
Su formación en el budismo fue motivada inicialmente por una curiosidad existencial. Cuando el Dalai Lama le obsequió en 1994 con una edición dedicada del prajnaparamita sutra como símbolo de la misión que se le asignaba, Tashi Dorje Rinpoché no dudó en perseverar con firmeza en el inimaginable emprendimiento que tenía por delante.
De las muchas dificultades, las primeras fueron encontrar el lugar. Fue gracias al 41 Sakya Trizin, quien dió las coordenadas y una descripción del lugar para facilitar la búsqueda, y así, en 1996 abrió sus puertas el primer monasterio de la comunidad.
El fundador de la comunidad era muy consciente de los problemas reales y desafíos de la modernidad, de las formas de vida que se estaban arraigando, sus propias palabras reflejan una idea clara de su visión e inquietud:
“Para empezar a practicar debemos deshacernos de formas de vivir que hemos tenido hasta el momento, formas irreflexivas, rápidas, superficiales y cortoplacistas, que no son un buen fundamento para obtener una buena educación y seguir nuestro camino” Jamyang Tashi Dorje Rinpoché
Para él, la casa espiritual de la comunidad tenía que emplazarse en tres lugares con condiciones ideales para asegurar el acceso a las fuentes de espiritualidad y promover la educación en beneficio del desarrollo personal, el desarrollo social y el desarrollo del planeta, en un nuevo contexto cultural y social, Occidente, y para él la misión no pasaba por replicar el modelo propio de Oriente.
En este sentido, es importante destacar que la función social de los monasterios va más allá de proteger el patrimonio natural y cultural. La comunidad es consciente de que su misión genera un beneficio directo y positivo en el desarrollo sostenible y el bienestar de las comunidades, aportando beneficios sociales, culturales, educativos y económicos al territorio y a las personas.